el mundo está mudo

Que tengan mucho que decir, les deseo. Para que el soporífero cricrí de las calles me lleve con los sueños faltan los minutos. Saltan del reloj y me huyen, como los grillos que no escucho y como puedo, me invento. Se traspapelan hojas y libretos y poco importa cuando ya nada queda que decir y todo está en silencio; se intuye. Como una premeditación añeja que se vino a desatar en el justo momento de apagar la luz. Quizá mañana, o en un par de siglos se reactive y continúe su camino el rumor, que no hubiera muerto, y quizás alguien saque una maravillosa moraleja de este entretiempo silencioso. Quizás se descubra al poco, luego, la falacia de los mal llamados años mudos y todo venga a apuntar a que era demasiado el ruido y que por eso no nos oímos. Que se trata tan sólo de un malentendido provocado por la irónica necesidad de querer estar demasiado atentos. Y ahora qué decir, más que tengan algo que decir, les deseo.

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